El Dilema del Político (I)

¿Cómo conviene que un Gobierno actúe frente a una denuncia sólida, fundada, contra un alto funcionario o funcionaria del mismo? ¿Tienen las Ciencias Sociales algo que aportar al respecto? Obviamente, la respuesta es sí.

5/8/20264 min read

El Dilema del Político (I)

El Gobierno del presidente Milei enfrenta un dilema que no es nuevo (ni en nuestro país, ni en otros países). Ese dilema consiste en ¿Cómo conviene actuar frente a una denuncia consistente contra un alto funcionario o funcionaria? Uno podría preguntarse aquí si ¿Tienen las Ciencias Sociales algo que aportar al respecto? Obviamente, la respuesta es sí. Pero anticipamos: lo que finalmente hacen los políticos depende de otros factores, como la información privilegiada con la que cuentan, su aversión al riesgo, el momento político, etc.

La Teoría Standard de la decisión es, como sostiene Michael Resnik en su libro “Elecciones. Una introducción a la Teoría de la Decisión” (Gedisa, 1998), “… el resultado de los esfuerzos conjuntos de economistas, matemáticos, filósofos, científicos sociales y estadísticos por explicar cómo toman, o cómo deberían tomar decisiones, los individuos y los grupos” (Resnik, 1998:19).

Decidir implica elegir entre opciones, que esperamos tengan ciertos resultados bajo ciertas condiciones contextuales relevantes. El libro presenta, entre muchas e interesantes cuestiones, una forma de especificar problemas de decisión, utilizando un dispositivo analítico que permite comprenderlos para intentar resolverlos. Ese dispositivo se conoce como Tabla de Decisión, y está compuesto por actos, estados y resultados.

Con esto en mente, definamos que significa cada componente. Los actos son las alternativas de actuación que creemos tener a disposición (las opciones para actuar); los estados son condiciones, físicas o no físicas, sobre las que no tenemos capacidad de incidir, bajo las cuáles tendrán lugar nuestros actos). Finalmente, los actos, bajo los diferentes estados, producen resultados.

Una Tabla de Decisión tiene una fila por cada acto (por cada opción que creemos tener), y una columna por cada estado relevante. Las celdas de la tabla reflejan los resultados que se producirían si elegimos X acto y se produce el estado X. Una Tabla de Decisión (una especificación de un problema decisorio) que tiene 2 actos y 2 estados (una tabla de 2x2) contiene 4 resultados posibles (el que produce el acto 1 bajo el estado 1, el que produce el acto 1 bajo el estado 2, el que produce el acto 2 bajo el estado 1, y el que produce el acto 2 bajo el estado 2).

Cada decisor, frente a un problema así especificado, valora esos resultados de alguno de estos modos: o prefiere unos a otros, o es indiferente entre todos ellos (o algunos de ellos). Dicho esto, ciertas precisiones se tornan necesarias.

1) Para que un agente (un individuo, o un grupo) pueda tomar una decisión utilizando este dispositivo (actos, estados y resultados), debe poder comparar todos los resultados, y llegar a una de estas dos conclusiones posibles: prefiere uno o unos a otros, o es indiferente entre todos ellos (o entre algunos de ellos).

2) Adicionalmente, debe tener preferencias coherentes (si prefiere un asado a una milanesa con puré, y prefiere una milanesa con puré a una hamburguesa, debería preferir un asado a una hamburguesa).

3) Finalmente, los estados (las condiciones relevantes bajo las cuales nuestras opciones ocurrirán si las elegimos y las actuamos -condiciones que no manejamos, y que combinadas con nuestros actos, producirán ciertos resultados-) deben ser exhaustivos, y mutuamente excluyentes (Resnik, 1998:28). Baste un ejemplo sencillo: si estamos decidiendo qué sembraremos en una determinada campaña, los estados relevantes (condiciones físicas en este caso, que no manejamos, y que combinados con nuestros actos producirán resultados diferentes) deberán capturar el régimen de lluvias esperado. Pero “mucha lluvia” o “poca lluvia” serían pobres definiciones de estados, de acuerdo a los requerimientos sugeridos por la teoría. En cambio, llueve menos de 100mm, llueve entre 101mm y 499 mm, y llueve 500 o más mm es una excelente definición.

Con todo esto, podemos hacer un análisis siguiendo los lineamientos de la teoría standard.

Las opciones que todo gobierno en que un miembro conspicuo es denunciado en la justicia con cierto “fundamento”, genera, al menos, dos actos posibles: pedirle la renuncia, o confirmarlo en el cargo. Ese es el dilema. ¿Cómo se resuelve? Los estados, las condiciones futuras que afectarán los resultados de la opción que finalmente elegiremos, podrían ser “Es inocente”, “Es culpable”, o “indeterminado”. Este último estado captura los escenarios en que el mandato constitucional termina y la justicia no ha resuelto el caso (o, lo que es habitual en nuestro sistema político), los plazos se vencen y los delitos prescriben. El problema decisorio se especifica del siguiente modo:

Cada combinación de actos y estados produce unos resultados. Resultados que “no nos dan lo mismo”. ¿Cuál es el peor resultado? Sospechamos que confirmar al funcionario, y que éste sea culpable. ¿Y el mejor? Confirmarlo, y que sea inocente. El timming con que la decisión se tome, resulta crucial. Despedirlo luego de la imputación bien documentada no suma, sino todo lo contrario. Pero despedirlo ni bien estalla el escándalo, y que al poco tiempo sea declarado inocente es doblemente perjudicial: la oposición logra lo que se propone (que un gobierno pierda un miembro por estos escándalos), pero además los restantes miembros del gobierno piensan que basta una denuncia para que los corran de su lugar (y los partidarios, quizás, también). Nadie se concentra en hacer bien su trabajo si no siente que es mínimamente respaldado.

Si tuviera que asignar “valores”, del 1 al 10 a los 6 resultados que podría tener este dilema (siendo 10 el resultado asociado a “lo confirmo y es inocente” y 1 a “lo confirmo y es culpable”), ¿Qué valores le asignaría a las restantes “celdas”?

Sólo agregamos, para incentivar la compra y lectura del libro, que quienes tienen mayor aversión al riesgo, piensan “¿Dónde me gustaría estar parado si esto sale mal?”, y deciden en función de ello. Por el contrario, quienes son más arriesgados o arriesgadas, suelen considerar “el costo de oportunidad” de cada opción (para cada acto, entre los que creen que pueden elegir, hay algunos que, bajo ciertas condiciones, producen resultados mejores). Y la pregunta que suelen hacerse es otra: “¿Y si esto sale bien, que me gustaría haber hecho en ese caso?”. No les gustaría arrepentirse luego, por haber sido “muy conservadores, muy poco arriesgados”. Y deciden en consecuencia.

¿Qué cree Ud., lector o lectora? ¿El presidente es audaz, arriesgado? ¿O algo temeroso del que dirán? 

Hagan sus apuestas…

Dr. Diego J. Gantus - Director Gobernar365