La discusión que nos falta
La discusión económica en Argentina enfrenta, desde el 2001 al menos, un dilema difícil de resolver: abordar con seriedad los problemas, los importantes y los urgentes, no gana el minuto a minuto (y tampoco gana electorados).
9/27/20263 min read
La discusión económica en Argentina enfrenta, desde el 2001 al menos, un dilema difícil de resolver: abordar con seriedad los problemas, los importantes y los urgentes, no gana el minuto a minuto (y tampoco gana electorados).
En parte, el problema no es sólo argentino. Steve Bannon, metodólogo del nuevo conservadurismo global, parece haber entendido esta dimensión de la cuestión: frente a la alternativa de la discusión argumentada racionalmente, él recomienda “llenar la cancha de mierda”. Una estrategia ineficaz para gobernar, pero relativamente buena para ganar elecciones. Después vemos.
Pero la parte que nos toca, lo que nadie quiere decir -no al menos en el espacio público- es que la existencia de opciones o alternativas es, en parte, una ficción. Nadie duda que el peronismo y el no-peronismo expresan culturas políticas diferentes en aspectos relevantes; y que estas diferencias se expresan en decisiones políticas también diferentes (vgr. el impuesto a las grandes fortunas del Frente de Todos vs la baja de los impuestos a los bienes personales de La Libertad Avanza). Pero esas decisiones operan “en los márgenes”.
Cuesta mucho decirle a una comunidad política frustrada desde hace 5 décadas, que por delante queda mucho padecimiento aún si pretendemos resolver nuestros problemas. Para evitarlo, también ha habido estrategias diferentes. Lo importante es ganar la elección; y para ello, lo que hace falta es decir aquello que una porción mayoritaria del electorado quiere escuchar en un determinado momento.
Hoy, como si las decisiones de política económica se tomaran en el vacío teórico del ceteris-paribus, los medios de comunicación parecen celebrar, al menos en general, un mérito no siempre reconocido del experimento neoconservador en la Argentina: el legado de esta administración 2023-2027 es la disciplina fiscal. La “prueba” que tienen para ofrecer, es que sectores del peronismo (incluida la propia Cristina Fernández) reconocieron que el tesoro no puede gastar, sistemáticamente, más que aquellos recursos que recauda.
Y parece que eso alcanza para pasar a temas que sí mueven los ratings. Pero resulta que no. Educar al electorado, para que tome decisiones informadas, dejó de ser una pretensión (si es que alguna vez lo fue). Ello impide que una discusión central tenga lugar en nuestro país: a) ¿Existe verdadero superávit en Argentina? b) ¿Este supuesto superávit tiene costos? c) ¿Están justificados esos costos por los beneficios que genera?
Mis respuestas, quizás, son evidentes: a) No; usamos las artes oscuras de la contabilidad pública creativa para esconder intereses, y/o no gastamos en lo que deberíamos gastar recursos que tienen destino previsto en la ley, y/o no pagamos obligaciones contraídas; b) Si, son altos; no podrían haber sido alcanzados sin despedir 70.000 trabajadoras/es; sin retrasar las jubilaciones y pensiones; sin hacerle perder el 50% del poder adquisitivo a docentes, no docentes y científicas/os de todo el país; sin desmontar estructuras del Estado cuyas prestaciones eran valoradas por la sociedad; sin limitar significativamente los fondos que, por derecho, corresponden a los gobiernos provinciales; c) No; y aunque podría proveer evidencia, prefiero marcar el contraste que atraviesa estas notas: no cobramos en dólares, nuestros salarios no vuelan, el BCRA ha sido fortalecido, y la casta está fiesta.
El gobierno actual, en campaña, no prometió sangre, sudor y lágrimas. Prometió USD 30.000 dólares que tenía ¿prometidos?, y ponía su celular a disposición del entrevistador para probarlo. El entrevistador cambió de tema. Quizás porque en su canal de streaming, el tema no pagaba lo suficiente. Hubiera sido interesante la discusión. Pero ese tipo de discusión no tiene lugar en esta Argentina del SXXI.
Es la que sólo un puñado de economistas, analistas, y políticos (políticos y políticas de palacio, no de boleta) se atreve a dar en canales de streaming, y no mucho más. La que circula también en los márgenes porque, para volverse mainstream -me corrijo, para volverse televisiva y electoralmente atractiva- demanda dos cosas que no abundan: tiempo y ganas de comprender, y dosis relativamente altas de cierta confianza en quienes enuncian recomendaciones factibles de política económica alternativa.
Recomendaciones factibles de política económica alternativa que parten, como debe ser, del reconocimiento de las incontables restricciones que ofrece la situación presente, y que condiciona enormemente el menú de opciones de política económica que son factibles hoy. Y en eso andamos, hasta que llegue en meses el inicio de un nuevo ciclo electoral, y se imponga vender soluciones fáciles a problemas complejos. Lo importante y urgente, como siempre, será ganar la próxima elección (esperando que alguna martingala, algún viento de cola, o una vaca muerta les permita mostrar resultados a los audaces de siempre).
Porque si hay algo que tiene que tener alguien que quiere gobernar la Argentina de este siglo, es audacia. Con ello no alcanza; pero sin ello no se puede.
Dr. Diego J. Gantus - Director Gobernar365
